Me someto, así, a tu entrega. Me rescata, me enloquece y me sosiega.
Un pasado infortunado, y su intención de instalarse eternamente en tus adentros, se convierte en mi rival de estación y yo sé cómo ganarle a esos espectros.
Es la base de la dieta del amor: mucha risa pa’ que no nos duela nada. No hay vestigios de tragedia en tu colchón, porque sobran carcajadas.