Siempre tuve un defecto, no sé decir que no y pasadas las cuatro mi cara era un error, entrancada fui con el moño en la cabeza... buscando el calor para poder sobrevivir a la agonía de la noche, a la desdicha de sentirme una mercenaria del alcohol, de alejarme de los gritos y los tragos... Otra vez sola una perdedora.
Salimos de aquella histeria hacia otro lugar, huyendo de los colmillos de la soledad, regalada ofrecí el sabor de aquellos que en albergues se hacen tibios y no llegan al orgasmo ganador... que ganador !
Fue ahí que comprobé que siempre puede haber algo peor, fue así que comprobé que la angustia es prima de la desesperación y que a veces, tal vez, estar solo es mejor y que al cielo no se llega nunca de a dos.
Me quedé dormida y con ganas de mear, no existe peor remedio que la enfermedad, fin del turno, lo molesto señor. A este animal nocturno, la mañana lo agarro sin hígado, sin techo y sin amor.
Fue ahí que comprobé que siempre puede haber algo mejor...