Yo les comento que
vos derrochas dulzura, y ese rasgo en
tu hermosura produce una envidia sana. Menos mal que no les cuento lo que hacemos en la cama. Me enloquece tu mirada, me atropello con tus labios y entre salivas resbala el mensaje de los sabios.
Tus ojos entrecerrados parecen mirar lo eterno.